Peones de los ganadores
jueves, 3 de diciembre de 2009,
Trefilar
Andrés López Martínez
Peones de los ganadores
Resulta sorprendente el exceso de protagonismo de los líderes políticos, cuando en realidad, la ventaja está en la disponibilidad de peones, sin que se deban despreciar los sargentos y capitanes. Los tenientes siempre resultaron incómodos, pero los que verdaderamente hacen la labor de intendencia social son los peones debidamente articulados por los sargentos y capitanes.
No es que todos los capitanes funcionen siempre. Pues los hay, que se vuelven cómodos, incluso se vuelven ociosos, y hasta los hay que se emborrachan de su proximidad al poder. Incluso algunos cometen la osadía de hacer ostentación del apoyo que reciben de sus padrinos. Y lo triste es ver que el General no se percata de que le están tomando el pelo. Para que quiere el General Jefe del área territorial, que el sargento se dedique en la celebración del aniversario de la organización, que se dedique el vasallo a mostrar y entregar placas de agradecimiento por las subvenciones que recibe.
Parece como si desde Grecia, pasando por Roma, incluso por los racionalistas, no hubieran evolucionado los dedicados al servicio de los líderes sociales. Porque en el fondo, es un problema del presunto líder institucional, por mantener o no actualizar la plebe de servidores. Lo que puede ser debido, en gran medida a que el mismo se haya encariñado en exceso del que come en su pesebre. Lo que denota un síntoma de debilidad imperdonable. Maquiavelo lo hubiera descalificado totalmente. Pero además el pueblo, no puede permitir que existan lideres sociales que no saben rodearse de los mejores. No es fácil ejercer la jefatura territorial como General. Ya que sin perjuicio de que la gestión del poder debe realizarse desde la más absoluta racionalidad, evitando totalmente, que los elegidos como capitanes y sargentos, no sean familiares entre ellos, y ahora se debería decir ni parejas de hecho. La frialdad y la distancia ayudan en la imposición de la racionalidad, y permiten procurar el éxito electoral.
Si el General Jefe territorial, ha podido estar en la distancia, para percatarse de la necesidad del cambio, y hasta ha podido conseguir que su segundo, amolde con el paso del tiempo sus formas, y hasta incluso que dedique parte de sus retribuciones en lavar su imagen dictatorial. Ello ha contribuido en hacer una gestión más racional y austera, y hasta a beneficiado a los electores. Es como si fuese necesaria la astucia en la gestión de los asuntos públicos. ¿Para qué quiere el ciudadano un regidor al que le faltan dos hervores?; ¿ Para que se vuelva cruel?.
Efectivamente, la historia nos muestra, que conforme más inocente es el gobernante, más caro le sale al contribuyente. Hay que pedirle al General Jefe, que procure elegir a los mejores, tanto para ejercer de capitán, como de sargento. Pero sobre todo hay que pedirle que inspeccione a todo el personal a su servicio. Y ello para que la actuación de los mismos, no sea un insulto a la inteligencia, y sobre todo una humillación a su persona.
Hay actos execrables, como el del presuntuoso cabo, que ocupaba puesto de teniente, y se obstinó en realizar los actos necesarios para que le tocase la lotería en navidad cuando él solo había comprado boletos para Reyes. El problema es que perjudicó al que había comprado el mismo boleto, y ello derivo inexorablemente en que no fuera posible el ocultar tamaña injusticia. Pero sobre todo, más que un problema fue una crisis, porque ello evidenció que el General Jefe, no tenía capitanes, no tenía sargentos, no tenía peones. Pues en realidad sólo tenía pesebreros, que hacían dolorosa y costosa su gestión como líder social.
No es inocua la gestión irracional. No se trata de que la Administración Pública no sean en exceso generosa con sus servidores públicos. Es que todos los días mueren miles de personas de hambre por no disponer de un euro. Y a veces tenemos dirigentes sociales que su actuación sólo provoca destrucción. Y ello exclusivamente porque no realizan ni verifican la labor de sus subordinados. No debe permitir el General Jefe territorial, que haya más distinciones de los inferiores a los superiores, ya está bien de estómagos agradecidos. Ya está bien de faltar el respeto a los principios y valores de la Constitución española de 1978. Algunos no se enteran, que ya no estamos en la Edad Media, que ya tuvimos la Revolución francesa, la ilustración y toda una serie de conquistas sociales que exigen no perder tiempo ni recursos, cuando todavía no hemos acabado de surtir y procurar las necesidades básicas a miles de ciudadanos . No es cuestión de mentalizar, es tan sencillo como el aplicar la Constitución, que establece, que España es un estado social y democrático derecho.
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( 2.9 / 25 )Antenas de telefonía móvil
jueves, 26 de noviembre de 2009,

Trefilar
Andrés López Martínez
Antenas de telefonía móvil
La sociedad occidental, no se acaba de acostumbrar a vivir sin el afecto y calor que la cercanía de los miembros de las familias en el Siglo XIX y XX aportaban, especialmente al ámbito hogareño. Todos necesitamos del afecto y calor materno y paterno, que no del mimo ni del halago. Pero el ritmo de vida que nos hemos autoimpuesto, determina que la familia sea cada vez más escueta, más fría.
Y esa frialdad, parece como si se compensase por medio del ambiente dejado crear por falta de una debida articulación de los conocimientos disponibles sobre la materia. Los ayuntamientos no han sido capaces de transmitir transparencia del contenido de los documentos obrantes en los expedientes de licencia de funcionamiento de las antenas de telefonía móvil y de las líneas de alta tensión y de sus transformadores.
Es más dañino el miedo ambiental mantenido artificialmente por la pasividad municipal, que la realidad por documentar. Siempre el silencio castiga al responsable institucional, y en este caso, la falta de información y transparencia del contenido de los expedientes administrativos, evidencia que los titulares de las potestades administrativas son cómplices en la creación de fantasmas, como si algo tuvieran que ocultar.
Es una realidad del pensamiento social, la vivencia ciudadana de que son muy escasos los actores dedicados a la vida pública que transmiten, que comunican. Unos duermen a sus auditorios, otros le hacen bostezar, y la mayoría se pierden en recorridos discursivos circulares, que permiten al sacrificado oyente el poder echar una y hasta tres dormidas, sin haberse perdido nada. Y todo ello cuando se muestran públicamente.
Pero es lo cierto que un importe volumen y calidad, la gestión institucional es realizada por empleados municipales, en los que es muy difícil discernir para el ciudadano usuario de los servicios municipales, si efectivamente concurren los elementos necesarios para resolver adecuadamente sus expedientes, con imparcialidad e independencia y objetividad. Pues a veces hasta es posible que estén tan afectados por los efectos de las antenas de telefonía móvil que les impide autocontrolar su propia obligación de abstenerse en la resolución de los expedientes administrativos. Es verdad que algunas normas jurídicas potencian usos sociales que dificultan el control de la abstención de los funcionarios, así ¿cómo probar la relación afectiva no matrimonial?.
La necesaria potenciación de la afectividad, especialmente mediante normas que favorezcan la transparencia de los vínculos afectivos y familiares, no está viviendo sus mejores momentos. Como si las frecuencias de la telefonía móvil y los campos electromagnéticos suplieran el calor humano familiar y afectivo.
Nadie menciona, el importante avance social que supuso la entrada en vigor de la Ley del Registro Civil de 1870. Estamos llegando al absurdo, de potenciar formulas sucedáneas de documentar la relación afectiva retrotrayéndonos a la Edad Media. Se incorporan elementos cercanos al libertinaje, que hace a los hombres y mujeres más frágiles. El Registro Civil, fue y es una conquista del ciudadano, no debiéramos permitir que las relaciones personales dejasen de documentarse en sus asientos, ya que de su realización y cumplimiento se benefician especialmente los más débiles. Y los más débiles, siempre son los menores y los ancianos.
Y de igual manera que es necesaria la documentación de las relaciones personales, es necesaria que se documenten las instalaciones de telefonía móvil, los transformadores y las líneas de alta tensión. Porque del conocimiento de lo instalado podremos inferir el grado de afectación a la salud psíquica y física. Los ciudadanos de Albacete, nunca perdonaran la falta de documentación de los expedientes referidos, incluso el funcionamiento de las instalaciones sin la preceptiva licencia. Pues los responsables políticos que han permitido el funcionamiento de las mismas, han transmitido miedo. Miedo porque al no querer tomar la decisión de otorgar la Licencia o de acordar el cese de la actividad y retirada de la instalación, evidencian el no querer responsabilizarse de lo que les compete. Y esa falta de personalidad, esa carencia de determinación, si la percibe el vecino. Porque todos los albaceteños quieren, antenas de telefonía móvil con licencia municipal , con respeto y cumplimiento de las ordenanzas municipales. Y que nadie olvide que el principio de autonomía local, permite en uso de la misma, que los ayuntamientos sean más explícitos que la norma general, pues ello no significa creación nueva y distinta de la pemitida.
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( 3 / 27 )Documentar el presente
jueves, 19 de noviembre de 2009,

Trefilar
Andrés López Martínez
Documentar el presente
Siempre gustó a los humanos, el contar su pasado, incluso el de sus progenitores. No siempre fue fácil. A veces se tapó en exceso, se miraba en primera persona, y demasiadas servidumbre no gustaban a la condición humana. Estudiar Historia, permite revivir el pasado documentado y el pasado ocultado. A veces se puede inferir por los hechos excesivamente difundidos, los hechos reales silenciados.
Documentar el presente no es fácil, o por lo menos es difícil encontrar estudiosos que mantengan un grado importante de objetividad ante la cercanía y presencia de los hechos. Incluso a veces, se es más objetivo diseñando la documentación del pasado histórico, que relatando la sangre latiendo de nuestros días.
Tienen que haber pasado cincuenta años por lo menos, para que tengamos perspectiva para enjuiciar y valorar objetivamente a los responsables de las decisiones trascendentes que marcan a la sociedad.
Pero seguramente no hace falta que pasen cincuenta años para enjuiciar a los titulares de las instituciones que encauzan el poder, por las acciones que no han tomado. Es más fácil y cómodo valorar lo que no se hace que lo que se hace. Es más fácil enjuiciar al médico que no receta o aplica tratamiento alguna que al profesional que aplica tratamiento incorrecto o inadecuado. Es más fácil detectar la pasividad administrativa que la desviación de poder o el uso torticero del derecho. Es muy sonoro el ver si el concejal delegado de área aplica medidas contra la contaminación acústica o es cómplice con el maltrato acústico. Es visual la verificación de la anchura de los viales urbanos, si es conforme a las protocolos de planeamiento que se estudian en las Escuelas Superiores de Arquitectura o por el contrario se parecen demasiado a las calles toledanas del medievo en las que no podía caminar una caballería con serón. Igual de visual que las curvas de la vía aparentemente urbana que circunda la finca rústica del presuntuoso local.
Insisto, es más fácil verificar lo que no se hace que lo que se realiza. Y ello determina que la ciudadanía pueda sentir, y palpar que se modula su vida económica por la pasividad de los que dicen representarle. Porque el PUEBLO no quiere ser gobernado por las aparatosas fuerzas vivas, quiere que las decisiones las tomen los representantes legalmente elegidos en urnas. Y los integrantes de las presuntuosas fuerzas vivas lo que tienen que hacer es presentarse a las elecciones enarbolando sus propuestas para que los electores las puedan tomar en consideración. Pero jamás se debe permitir, que gobierne una ciudad un conjunto de parroquianos que no han concurrido al proceso electoral.
¿Pero, y si en realidad han concurrido al proceso electoral con candidato financiado? , ¿Cómo podemos verificar la verdad de un candidato?. Desde luego si no paga sus impuestos en la circunscripción electoral en la que concurren como elegible, el estudio se complica muchísimo. Por ello se debería incorporar en la Ley electoral general, precepto que exigiese que los candidatos deben presentar junto con la instancia para participar en el proceso electoral, la Declaración Anual del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas de los últimos cinco años, en los que figure como domicilio el correspondiente a municipio perteneciente a dicha circunscripción.
Porque esa es la verdadera documentación del presente, el contenido de la cartera declarada a Hacienda los últimos cinco años. El nivel de abstencionismo ha alcanzado cuotas excesiva que debiera hacer reflexionar a la mayoría de los representantes legítimos del pueblo español, y permitir que se adopten decisiones urgente para incentivar la participación. No podemos tener dirigentes políticos que ignoran que la soberanía reside en el pueblo español. Y por desgracia así ocurre en porcentaje superior al que la sociedad puede consentir. No se debe tolerar que las ordenanzas municipales establezcan una distancia mínima entre establecimiento con actividad musical. Y sólo sirva para que los visitantes de la página web del ayuntamiento puedan hacer referencia solo documental a la existencia de semejante apariencia. Las ciudades están saturadas de maltrato acústico, y el encargado de aplicar y diseñar la medicina no puede mirar para otro lado. Sólo puede asumir sus responsabilidades o dimitir.
Porque si le impide al enfermo curarse, y tampoco dimite, está documentando un presente muy sonoro, muy ilícito, muy dañino para el ciudadano enfermo, para el discapacitado, para la entrañable anciana.
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